El festival Slow Moments une los siete pueblos de la Plana de l’Arc en una jornada de cocina, arte e identidad colectiva.
La memoria culinaria de la Plana de l’Arc tuvo voz de mujer y sabor a olleta. El festival Slow Moments, organizado por La Plana de l’Arc, convirtió este fin de semana la plaza de la Tanca de Vilafamés en un escenario de cultura viva. Más de cincuenta mujeres de Benlloc, Cabanes, les Coves de Vinromà, la Torre d’en Doménec, Vall d’Alba, Vilafamés y Vilanova d’Alcolea se reunieron para celebrar una tradición compartida: la olleta, un plato humilde y completo que sigue siendo símbolo de identidad en el norte de Castellón.
Una receta consensuada para una comarca unida
Siete asociaciones de mujeres —una por cada pueblo— subieron al escenario con sus delantales y recuerdos familiares, ofreciendo su versión de una receta que solía transmitirse de madre a hija. A su lado, el cocinero Nicolás Barrera, del restaurante Pou de Beca (Vall d’Alba), moderó el coloquio con la sensibilidad de quien sabe que cocinar es también un acto de memoria y resistencia:
“La olla, en cualquiera de sus variantes, es la manifestación alimentaria más antigua y transversal que tenemos. Une clases sociales,
generaciones y territorios. Es el principio y la raíz de todas las cocinas de nuestro país”, recordaba Barrera ante un público atento, entre sonrisas y aromas de acelgas y pencas de las ocho olletas que se estaban cocinando.
Durante la comida, se pudieron degustar todas las versiones de la olleta —una por cada asociación de mujeres de los siete pueblos—, cada una con su toque personal pero todas con un mismo espíritu: cocinar para compartir.
Tras un debate lleno de anécdotas, las participantes consensuaron una receta común de la olleta de la Plana de l’Arc. La elaboración parte de garbanzos en remojo (variedad pico de pardal o pedrosillanos) y una combinación de carnes tradicionales —careta, morro, rabo y una parte seca y otra tierna—, que se cuecen lentamente con cardos, patata y calabaza baconera. Cuando todo está casi listo, se añaden las morcillas secas, para que no se deshagan. A diferencia de otras versiones, esta olleta no lleva cordero ni más verduras, manteniéndose fiel a la sencillez de las cocinas de la Plana.
Esta receta es mucho más que una fórmula culinaria: representa una manera de entender la vida, de cocinar sin prisa para cuidar y con respeto por el producto local.

Las guardianas del fuego lento
El acto tuvo un fuerte componente emocional. Barrera quiso rendir homenaje a las mujeres que, desde sus cocinas, han mantenido vivo el patrimonio gastronómico y afectivo del territorio:
“Es muy significativo que sean todas mujeres: cocineras, representantes de los pueblos, organizadoras. Ellas son las guardianas de la memoria, las que mantienen encendido el fuego de nuestras tradiciones y de nuestras familias.”
Entre el público, los aplausos resonaron como un homenaje colectivo. Para muchas, era la primera vez que subían a un escenario para hablar de cocina, pero también de vida, de cómo la olleta acompaña las romerías, las fiestas y las largas tardes de invierno.



Un festival que cocina cultura y territorio
Slow Moments es un festival itinerante que recorre los siete pueblos de la Plana de l’Arc —Benlloc, Cabanes, les Coves de Vinromà, la Torre d’en Doménec, Vall d’Alba, Vilafamés y Vilanova d’Alcolea— para reivindicar la identidad compartida a través de la cultura y la gastronomía.
La edición de Vilafamés contó con la colaboración especial del MACVAC (Museo de Arte Contemporáneo Vicente Aguilera Cerni), con una performance dedicada al olivo como símbolo de resistencia y memoria, creada por el artista internacional Pepe Agost.
A lo largo del día, el público pudo disfrutar de catas de vinos y productos locales, como el maridaje de Mas de Rander—vinos que destacaron por su virtuosa evolución— con los quesos de Tot de Poble, o la degustación de turrones Agut de Benlloc, además de talleres infantiles de arte y naturaleza, música en directo y la nueva propuesta de visitas históricas con degustación, que se estrenó con una ruta por la prehistoria en las cuevas de Vilafamés.



Una comarca con sabor y futuro
Con el fuego aún encendido y el aroma de la calabaza en el aire, la jornada terminó con un mensaje colectivo: cocinar es un acto de futuro, una manera de cuidar la tierra y a las personas.
En la Plana de l’Arc, cada plato es una historia, cada receta, un puente entre pueblos.
“Queremos que cada degustación, cada nota musical y cada conversación sea una experiencia que nos recuerde de dónde venimos y qué nos une como comarca, y compartir con quienes nos visitan esta forma de vivir”, concluyen desde la organización.
valenciaPlaza

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