El sector fotovoltaico español atraviesa uno de los momentos más complejos de su historia reciente. Pese a mantener un papel protagonista en el mix energético nacional, con más de 40 gigavatios instalados y una contribución de casi 10.700 millones de euros al PIB, las plantas solares afrontan una caída pronunciada en sus ingresos y un riesgo creciente de quiebras ante el desplome de los precios eléctricos y el aumento de las horas a precio cero.
Según datos de la Unión Española Fotovoltaica (UNEF), hasta septiembre de 2025 se han registrado 759 horas de precios cero o negativos, superando ya las 696 horas acumuladas durante todo el año anterior. Este fenómeno, provocado por la sobreoferta de generación renovable en determinadas franjas horarias y la falta de almacenamiento suficiente, está reduciendo drásticamente los márgenes de rentabilidad de las instalaciones.
El precio medio capturado por la fotovoltaica se ha situado en 33,95 euros por megavatio hora (MWh), un 25% inferior al registrado en 2024. La consecuencia directa ha sido una caída de ingresos generalizada, especialmente en las plantas del régimen RECORE, aquellas que cuentan con límites mínimos de producción y que podrían entrar en pérdidas si no se aplican medidas de compensación.
José Donoso, director general de UNEF, ha advertido que “el sector está sufriendo un daño patrimonial real” y ha instado al Gobierno a adoptar con urgencia medidas de apoyo, como la suspensión temporal del impuesto sobre el valor de la producción eléctrica o la creación de un “suelo de precios” para la fotovoltaica. La patronal propone también reactivar las subastas de renovables, con integración de almacenamiento, para garantizar certidumbre a los inversores y evitar un frenazo en las inversiones a partir de 2026.
Ritmo de instalación
El ritmo de instalación de nuevas plantas en suelo se mantiene en niveles históricamente altos: hasta septiembre de este año se han conectado más de 4.578 MW, y el ejercicio podría cerrar con un nuevo récord, superando los 6.000 MW de 2024. Sin embargo, UNEF advierte que estas cifras corresponden a inversiones planificadas años atrás y que “el verdadero impacto del actual escenario se verá en 2026, cuando muchos proyectos podrían no concretarse”.
En paralelo, el autoconsumo muestra signos de agotamiento tras el auge pospandemia. En 2024 cayó un 31%, con 1.182 MW instalados, y las previsiones para 2025 apuntan a una estabilización entre 1 y 1,2 GW, lejos del ritmo necesario para alcanzar los 19 GW que fija el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) para 2030.
A pesar de estas dificultades, el sector mantiene su peso económico y social. Según el informe anual de UNEF, la fotovoltaica generó en 2024 una renta total de 10.694 millones de euros, equivalente al 0,7% del PIB, y 146.764 empleos entre directos, indirectos e inducidos. Su balanza fiscal también sigue siendo positiva, con una aportación neta cercana a los 2.000 millones de euros, y su inversión en I+D+i alcanzó los 521 millones, con una intensidad innovadora del 3,78%.
Contexto internacional
El contexto internacional añade incertidumbre. La reactivación de las barreras arancelarias en Estados Unidos tras el retorno de Donald Trump ha frenado parcialmente las exportaciones españolas, que en 2024 sumaron 3.421 millones de euros, un 5,7% menos que el año anterior.
El desafío inmediato, según UNEF, pasa por acelerar la electrificación de la demanda y el despliegue del almacenamiento energético. España cuenta ya con más de 9,5 GW en tramitación y un marco regulatorio en fase de reforma que permitirá hibridar plantas solares con baterías sin necesidad de reiniciar los permisos. “Solo con almacenamiento masivo podremos evitar los vertidos y estabilizar los precios”, recalcó Donoso.
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