Disminuye la oferta de servicios en la localidad
La despoblación acelera la sangría de cierres de tiendas de 'toda la vida' en Morella: cuatro han bajado la persiana en solo unos meses
Cuatro establecimientos con mucho arraigo en la capital de Els Ports han bajado la persiana en apenas unos pocos meses

Los gerentes de las cuatro tiendas que han bajado la persiana recientemente en Morella. / Javier Ortí
Durante décadas, las calles de han estado vivas gracias a sus pequeños comercios. Donde antes había tiendas que abrían temprano y cerraban tarde, hoy predominan los bares y los negocios locales se han reducido drásticamente. Cada persiana que baja deja un vacío económico y social que ningún producto puede llenar. En este contexto, los testimonios de quienes han dedicado su vida al pequeño comercio se convierten en memoria viva de la localidad en particular y de en general.
En apenas unos pocos meses, cuatro negocios de toda la vida de Morella han bajado la persiana después de muchos años de entrega y dedicación, dejando huérfanos a los vecinos de muchos servicios y productos que hasta ahora tenían a su disposición al lado de casa, pero que ahora, en muchas cosas, ya no podrán encontrar.
Aunque esa tendencia de cierre de establecimientos , que la localidad con más habitantes de la comarca sufra esta pérdida de servicios es muy sintomática y extensible al resto de Els Ports.
Mucho bar y poco comercio
La situación actual de Morella refleja esa dualidad: muchos bares y pocos comercios locales, calles que pierden su actividad diaria y vecinos que ya no tienen esos lugares de encuentro que marcaron sus recuerdos. Las gerentes de las cuatro tiendas que cierran coinciden en que el comercio de proximidad no es solo venta, es acto social y de confianza, es hacer pueblo, es mantener viva la comunidad. Su cierre representa una ruptura del tejido social que costará recuperar.
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Pili Pallarés abrió su papelería en 1983 junto a su marido Ricardo, apenas unos días después de casarse. Desde entonces, su tienda se convirtió en un centro de vida para vecinos y familias. Vendían libros de texto, material escolar, regalos de cumpleaños, Reyes y comunión, siempre con un trato cercano y personalizado. Uno de los rasgos más característicos de su comercio era la confianza absoluta: “Fiar un producto a un niño y que los padres viniesen días después a pagar era habitual. Nos conocemos todos. Era un acto de confianza mucho más allá del comercio.”

Pili Pallarés, de joven. / Mediterráneo
Esa cercanía permitió a Pili construir relaciones casi familiares con sus clientes, conociendo incluso los regalos de los niños antes de que llegasen los padres. La tienda no era solo un espacio para comprar, sino un lugar de socialización y vínculo comunitario.
"Ahora todo se compra 'on line'. Habría que recuperar un poco la conciencia de comprar aquí"
Hoy, la papelería es un recuerdo de lo que fue y un ejemplo de cómo el comercio de proximidad sostenía la vida social de Morella. “Ahora todo se compra on line. Ya no se hace tanto pueblo. Habría que recuperar un poco la conciencia de comprar aquí”, lamenta Pili, emocionada por la pérdida de un modelo de comercio que estaba vivo y lleno de humanidad.

Pili Pallarés en la actualidad. / Mediterráneo
'La tienda del butano'
El pasado día 12, tras 60 años de servicio, la tienda de María Mercedes Moles y Luis Alquézar cerró definitivamente. Desde su apertura en 1965, el negocio combinó la venta de electrodomésticos, regalos y el servicio de butano para Morella y 21 pueblos de la comarca, convirtiéndose en un referente de confianza para varias generaciones.

María Mercedes y Luis, en una foto de archivo. / Mediterráneo
“Estoy contenta de haber conocido tanta gente de la comarca de Els Ports. Hacíamos listas de boda, los novios venían hasta la madrugada y los invitados compraban de la lista. Yo les hacía un descuento. Era muy bonito”, recuerda María Mercedes.
"Me duele cerrar el comercio por la relación tan estrecha con los vecinos"
La tienda también tuvo un videoclub que fue un éxito en la era del VHS, pero lo más valioso, según María Mercedes, no eran los productos, sino las relaciones: “Me duele cerrar la tienda, no por el negocio, sino por la proximidad y la relación tan estrecha con los vecinos de la comarca. La gente siempre ha preferido comprar electrodomésticos de confianza.” Su testimonio refleja la emoción y el orgullo de haber construido un comercio cercano y comprometido con la comunidad, así como la tristeza por la falta de conciencia actual sobre la importancia de los comercios locales.

María Mercedes y Luis, en la actualidad. / Mediterráneo
De Cent Pesetes a Un món de tot
Aurora Buenaventura inició su trayectoria en 1983 con una tienda de pinturas en el Carrer Zaporta. En 1996, amplió su negocio y lo convirtió en el popular Cent Pesetes, un todo a cien que revolucionó la zona baja de Morella y atrajo a numerosos vecinos gracias a su variedad de productos, desde juguetes hasta artículos de temporada.

Aurora Buenaventura, en una foto de archivo de su bazar. / Mediterráneo
En 2004, Aurora dio un nuevo paso y trasladó su comercio a la calle porticada, renombrándolo como Un món de tot, un establecimiento más amplio pensado para ofrecer una gama aún mayor de productos y atender tanto a vecinos como a turistas. “Un simple ¿Cómo estás? se transformaba en una relación de proximidad que iba mucho más allá de la venta”, recuerda Aurora.
"Las nuevas generaciones nos han comido la esencia, ahora todo es internet y grandes superficies"
Pero el impacto de y las grandes superficies ha dejado huella: “He vivido los mejores momentos del comercio en Morella y la decadencia del pequeño comercio. Las nuevas generaciones se nos han comido la esencia, ahora todo es internet y grandes superficies.”

Aurora, en la actualidad. / Javier Ortí
Tejidos Antolí
Otra puerta del pasado que se cierra en Morella es la de Tejidos Antolí, . Este establecimiento, asumido en su última etapa por Marivalli Antolí, representaba una tradición familiar iniciada en 1939, cuando sus fundadores levantaron el negocio en plena posguerra y lo convirtieron en un referente para generaciones de vecinos que encontraban allí telas y materiales para prendas de vestir y hogar.
"Me centré en los mayores, la gente joven ya no entra en tiendas como la mía"
"Me dediqué a buscar ropa para los vecinos mayores, porque la gente joven ya no entra en tiendas como la mía: compran a través de internet", cuenta Marivalli, que es la madre del alcalde, Bernabé Sangüesa.

Marivalli Antolí. / Javier Ortí
El cierre de Antolí no sólo marca el fin de un local, sino también de un espacio de convivencia, memoria colectiva y arraigo comunitario que fue testigo de la vida diaria de varias generaciones antes de sucumbir a los cambios en el modelo de consumo y la falta de relevo generacional que sufren tantos pequeños comercios locales.
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