dilluns, 15 de desembre del 2025

Mar París, ganadera de Castellón que trabaja a pérdidas por la peste porcina: «El golpe es brutal»

 


Propietaria de una explotación de cerdos en Forcall, pide al Consell una línea de crédito para no tener que adelantar el dinero si quiere optar a las ayudas

Mar París tiene una explotación de ganado porcino en Forcall.

Mar París tiene una explotación de ganado porcino en Forcall. / Mediterráneo

Elena Aguilar

Elena Aguilar

Castellón

El foco de peste porcina africana detectado el pasado 28 de noviembre en Cataluña sigue manteniendo en vilo a la ganadería de Castellón. Y aunque en la provincia no hay ningún caso y la Generalitat valenciana ha anunciado un plan de choque para evitar que el virus entre en la Comunitat, esta enfermedad impacta ya directamente en el negocio de una parte del sector, en concreto, en las granjas que no están integradas.

Pese a que buena parte de las algo más de 500 explotaciones de ganado porcino de Castellón están en régimen de integración (el ganadero es el propietario de la instalación y pone la mano de obra y el integrador aporta los cerdos) hay algunas granjas que trabajan de manera independiente y que ya están notando las consecuencias de la caída de los precios. Mar París es la propietaria de una de ellas. En su instalación de Forcall cuenta con 3.500 cerdos (entre madres, lechones y animales para engorde) y desde hace unos días trabaja a pérdidas. «El impacto es mayúsculo y esto podría ser solamente el principio», cuenta.

En apenas tres semanas, el precio en origen de la carne de cerdo ha pasado de 1,3 a 1,040 euros el kilo. «El descenso ha sido brutal en muy poco tiempo. Nuestros costes de producción se sitúan entre los 1,36 y los 1,40 euros el kilo, por lo que estamos perdiendo dinero», explica esta ganadera que teme que las cotizaciones todavía no hayan tocado suelo y continúen bajando en las próximas semanas.

El desplome de los precios (en el conjunto nacional se estima que los ganaderos van a perder esta semana 31,2 millones de euros) se ha convertido en una pesadilla para muchos empresarios del sector de Castellón. Temen por su futuro y la línea de subvenciones que ha lanzado la Conselleria de Agricultura no ayuda a despejar la incógnita.

Ayudas del Consell

La Generalitat ha adelantado la convocatoria de subvenciones y ha puesto 9 millones de euros sobre la mesa, pero los requisitos que hay que cumplir no convencen a los profesionales. «La ayuda la tenemos que pedir antes del 30 de enero y está destinada a financiar inversiones en nuestras explotaciones. Hasta aquí todo perfecto. El problema es que tenemos que acometer dichas inversiones antes del 20 de octubre del 2026 y, para recibir la subvención, que como mucho cubrirá el 60%, el ganadero tiene que pagar antes la reforma que haya hecho en la granja. Es decir, tiene que adelantar un dinero que, en el mejor de los casos, no cobrará hasta finales del 2026 o principios del 2027», argumenta París, que es también delegada de la Asociación Valenciana de Agricultores (AVA-Asaja) en Forcall.



Esta profesional argumenta que las ayudas del Consell están muy bien, pero que no se le puede pedir al ganadero que adelante un dinero que ahora no tiene. «Lo que pedimos es una línea de crédito extraordinaria o que se nos avancen los pagos, ya que hoy por hoy no podemos hacer frente a todos estos gastos», insiste.

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DESPOBLAMENT COMERCIAL, EL PRINCIPI DEL FINAL

 Disminuye la oferta de servicios en la localidad

La despoblación acelera la sangría de cierres de tiendas de 'toda la vida' en Morella: cuatro han bajado la persiana en solo unos meses

Cuatro establecimientos con mucho arraigo en la capital de Els Ports han bajado la persiana en apenas unos pocos meses

Los gerentes de las cuatro tiendas que han bajado la persiana recientemente en Morella.

Los gerentes de las cuatro tiendas que han bajado la persiana recientemente en Morella. / Javier Ortí

Morella

Durante décadas, las calles de Morella han estado vivas gracias a sus pequeños comercios. Donde antes había tiendas que abrían temprano y cerraban tarde, hoy predominan los bares y los negocios locales se han reducido drásticamente. Cada persiana que baja deja un vacío económico y social que ningún producto puede llenar. En este contexto, los testimonios de quienes han dedicado su vida al pequeño comercio se convierten en memoria viva de la localidad en particular y de Els Ports en general.

En apenas unos pocos meses, cuatro negocios de toda la vida de Morella han bajado la persiana después de muchos años de entrega y dedicación, dejando huérfanos a los vecinos de muchos servicios y productos que hasta ahora tenían a su disposición al lado de casa, pero que ahora, en muchas cosas, ya no podrán encontrar.

Aunque esa tendencia de cierre de establecimientos a causa de la despoblación afecta a muchos otros municipios de la provincia, que la localidad con más habitantes de la comarca sufra esta pérdida de servicios es muy sintomática y extensible al resto de Els Ports.

Mucho bar y poco comercio

La situación actual de Morella refleja esa dualidad: muchos bares y pocos comercios locales, calles que pierden su actividad diaria y vecinos que ya no tienen esos lugares de encuentro que marcaron sus recuerdos. Las gerentes de las cuatro tiendas que cierran coinciden en que el comercio de proximidad no es solo venta, es acto social y de confianza, es hacer pueblo, es mantener viva la comunidad. Su cierre representa una ruptura del tejido social que costará recuperar.

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Pili Pallarés abrió su papelería en 1983 junto a su marido Ricardo, apenas unos días después de casarse. Desde entonces, su tienda se convirtió en un centro de vida para vecinos y familias. Vendían libros de texto, material escolar, regalos de cumpleaños, Reyes y comunión, siempre con un trato cercano y personalizado. Uno de los rasgos más característicos de su comercio era la confianza absoluta: “Fiar un producto a un niño y que los padres viniesen días después a pagar era habitual. Nos conocemos todos. Era un acto de confianza mucho más allá del comercio.”

Pili Pallarés, de joven.

Pili Pallarés, de joven. / Mediterráneo

Esa cercanía permitió a Pili construir relaciones casi familiares con sus clientes, conociendo incluso los regalos de los niños antes de que llegasen los padres. La tienda no era solo un espacio para comprar, sino un lugar de socialización y vínculo comunitario.

"Ahora todo se compra 'on line'. Habría que recuperar un poco la conciencia de comprar aquí"

Hoy, la papelería es un recuerdo de lo que fue y un ejemplo de cómo el comercio de proximidad sostenía la vida social de Morella. “Ahora todo se compra on line. Ya no se hace tanto pueblo. Habría que recuperar un poco la conciencia de comprar aquí”, lamenta Pili, emocionada por la pérdida de un modelo de comercio que estaba vivo y lleno de humanidad.

Pili Pallarés en la actualidad.

Pili Pallarés en la actualidad. / Mediterráneo

'La tienda del butano'

El pasado día 12, tras 60 años de servicio, la tienda de María Mercedes Moles y Luis Alquézar cerró definitivamente. Desde su apertura en 1965, el negocio combinó la venta de electrodomésticos, regalos y el servicio de butano para Morella y 21 pueblos de la comarca, convirtiéndose en un referente de confianza para varias generaciones.

María Mercedes y Luis, en una foto de archivo.

María Mercedes y Luis, en una foto de archivo. / Mediterráneo

“Estoy contenta de haber conocido tanta gente de la comarca de Els Ports. Hacíamos listas de boda, los novios venían hasta la madrugada y los invitados compraban de la lista. Yo les hacía un descuento. Era muy bonito”, recuerda María Mercedes.

"Me duele cerrar el comercio por la relación tan estrecha con los vecinos"

La tienda también tuvo un videoclub que fue un éxito en la era del VHS, pero lo más valioso, según María Mercedes, no eran los productos, sino las relaciones: “Me duele cerrar la tienda, no por el negocio, sino por la proximidad y la relación tan estrecha con los vecinos de la comarca. La gente siempre ha preferido comprar electrodomésticos de confianza.” Su testimonio refleja la emoción y el orgullo de haber construido un comercio cercano y comprometido con la comunidad, así como la tristeza por la falta de conciencia actual sobre la importancia de los comercios locales.

María Mercedes y Luis, en la actualidad.

María Mercedes y Luis, en la actualidad. / Mediterráneo

De Cent Pesetes a Un món de tot

Aurora Buenaventura inició su trayectoria en 1983 con una tienda de pinturas en el Carrer Zaporta. En 1996, amplió su negocio y lo convirtió en el popular Cent Pesetes, un todo a cien que revolucionó la zona baja de Morella y atrajo a numerosos vecinos gracias a su variedad de productos, desde juguetes hasta artículos de temporada.

Aurora Buenaventura, en una foto de archivo de su bazar.

Aurora Buenaventura, en una foto de archivo de su bazar. / Mediterráneo

En 2004, Aurora dio un nuevo paso y trasladó su comercio a la calle porticada, renombrándolo como Un món de tot, un establecimiento más amplio pensado para ofrecer una gama aún mayor de productos y atender tanto a vecinos como a turistas. “Un simple ¿Cómo estás? se transformaba en una relación de proximidad que iba mucho más allá de la venta”, recuerda Aurora.

"Las nuevas generaciones nos han comido la esencia, ahora todo es internet y grandes superficies"

Pero el impacto de internet y las grandes superficies ha dejado huella: “He vivido los mejores momentos del comercio en Morella y la decadencia del pequeño comercio. Las nuevas generaciones se nos han comido la esencia, ahora todo es internet y grandes superficies.”

Aurora, en la actualidad.

Aurora, en la actualidad. / Javier Ortí

Tejidos Antolí

Otra puerta del pasado que se cierra en Morella es la de Tejidos Antolíun comercio histórico que bajó definitivamente la persiana tras más de ocho décadas de servicio al pueblo y a la comarca de Els Ports. Este establecimiento, asumido en su última etapa por Marivalli Antolí, representaba una tradición familiar iniciada en 1939, cuando sus fundadores levantaron el negocio en plena posguerra y lo convirtieron en un referente para generaciones de vecinos que encontraban allí telas y materiales para prendas de vestir y hogar.

"Me centré en los mayores, la gente joven ya no entra en tiendas como la mía"

"Me dediqué a buscar ropa para los vecinos mayores, porque la gente joven ya no entra en tiendas como la mía: compran a través de internet", cuenta Marivalli, que es la madre del alcalde, Bernabé Sangüesa.

Marivalli Antolí.

Marivalli Antolí. / Javier Ortí

El cierre de Antolí no sólo marca el fin de un local, sino también de un espacio de convivencia, memoria colectiva y arraigo comunitario que fue testigo de la vida diaria de varias generaciones antes de sucumbir a los cambios en el modelo de consumo y la falta de relevo generacional que sufren tantos pequeños comercios locales.

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diumenge, 14 de desembre del 2025

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