- Carlos Mazón, en la comisión de la Dana del Congreso
- Foto: EP/EDUARDO PARRA
Pablo Plaza Publicado: 23/11/2025 ·06:00VALÈNCIA. Ha tenido que pasar más de un año desde aquel fatídico 29 de octubre para conocer mejor cómo se desarrolló la comida entre el president de la Generalitat Valenciana, Carlos Mazón, y la periodista Maribel Vilaplana el día de la Dana. El encuentro, que Presidencia trató de ocultar inicialmente, salió a la luz pero sin aclarar los horarios del president aquella tarde en la que, mientras eso sucedía, decenas de personas se ahogaban en la provincia de Valencia y el Cecopi, reunido en el centro de coordinación de l'Eliana a partir de las 17h, estudiaba qué medidas adoptar hasta el envío tardío de la alerta masiva.
Los testimonios de aquella tarde, prestados por los protagonistas del encuentro -Mazón y Vilaplana- pero también por el dueño del restaurante, permiten reconstrurir muchos de los detalles de la comida de manera más o menos fiel pues todos ellos han prestado declaración con obligación de decir verdad: el president, en la comisión de investigación del Congreso de los Diputados, y la comunicadora y el hostelero, en el juzgado de Instrucción 3 de Catarroja, encargado de la investigación sobre la gestión de la catástrofe.
El último en hacerlo fue el propietario de El Ventorro, que acudió este viernes citado como testigo a los juzgados de Catarroja. Según su relato, fue una mujer de la Generalitat Valenciana la que llamó dos o tres días antes para hacer la reserva. El 14 de octubre, Mazón había coincidido con la comunicadora en una gala, según el relato de esta, y le dijo que tenía que hablar con ella para tener "algún tipo de colaboración". Ante la voluntad de Vilaplana de que no "fuera nada oficial" porque ella, especializada en asesoramiento de comunicación de empresas, no quiere trabajar para la política, el president le invitó a comer en un restaurante.
El primero que llegó al restaurante fue Mazón, entre las 14.15h y las 14.30h, solo y sin escolta, y le sirvieron agua y unas olivas, explicó el restaurador, si bien el jefe del Consell dijo que había ido con escolta, por lo que pudo dejarlo fuera. Más tarde, sobre las 14.50h o las 15h, entró Vilaplana y se le acompañó hasta el reservado, ubicado en la primera planta del establecimiento, y sin televisión pero con cobertura para la mayoría de compañías telefónicas, lo cual casa con el relato de la periodista.

- La periodista Maribel Vilaplana en su llegada al juzgado. Foto: KIKE TABERNER
En algún momento tras empezar la comida, Vilaplana declaró que a Mazón le subieron unos documentos para que los firmara. Algo que confirma el dueño de El Ventorro, según el cual "llamaron de la Generalitat" y "vino un señor" con "un sobre" para que el president estampara su firma. El restaurador señala que se apartó e incluso salió de la sala en ese momento -"no me gusta estar en esas cosas", dijo-. Eran, tal como se supo después confirmado por Presidencia, un listado de nombres para unas becas de deportistas de élite, que necesitaba ser publicada para que los beneficiarios pudiesen solicitar exenciones educativas, cuyo plazo vencía.
Según el hostelero, la comida fue "normal de tiempo" y "no hubo nada extraño" en el pedido. Vilaplana declaró que bebieron agua y vino, algo que refrendó el president en su declaración en el Congreso de los Diputados. Uno de los asuntos tratados en la comida giró en torno a la televisión pública, À Punt. Mazón le preguntó si se había "planteado ir a la tele", a lo que ella dijo que no quería volver a la televisión y que "ni siquiera tenía un buen recuerdo" tras el cierre de Canal 9, que fue para ella "un drama". Así pues, el president le aclaró que la oferta no era como periodista, sino que le estaba planteando acceder a "un cargo".
"Él me decía que era una profesional que podía ser buena candidata", relató Vilaplana, según la cual se negó en rotundo porque dijo estar "muy a gusto" en su actual trabajo además del hecho de que no sabe dirigir. Fue entonces cuando Mazón le pidió consejos sobre el rumbo de À Punt. "Recuerdo que hablamos del cambio de nombre, de recuperar presentadores antiguos y de la lengua", explicó, y la periodista confesó que le "enervaba que no se utilizara más la lengua". Mazón, aunque dijo hacer algunos discursos en valenciano, aseguró encontrarse "más cómodo" haciéndolos en castellano y ella le ofreció un asesoramiento "de manera extraoficial", aunque se negó a trabajar para altos cargos porque "no quería trabajar para la política". "Era darse un tiro en el pie", aclaró.

Vilaplana aseguró que la comida transcurrió dentro de la normalidad y que el president en ningún momento le transmitió intranquilidad. "Ni oigo palabras como Dana, Cecopi o lluvias", dijo ante la magistrada, a la que negó que Mazón estuviera incomunicado pero no recordaba que sonara su teléfono: "Él se giraba y escribía y me miraba, yo no recuerdo que el teléfono sonara", fueron sus palabras. Contactos telefónicos tuvo el president, eso sí, y se fueron acrecentando conforme pasaba el tiempo, según el testimonio de la periodista.
Ella insistió en que el jefe del Consell nunca le habló del contenido de esas llamadas: "No oigo nada y el tampoco me transmite nada". Maribel cuenta que, para llamar, Mazón se levantaba y se apartaba dentro del mismo reservado. El restaurador, por su parte, declaró que entró unas 7 u 8 veces al reservado pero "nunca" vio de pie a Mazón, "siempre" estaba sentado, y no le vio hablar por teléfono en ningún momento. Aunque ciertamente explicó que su última entrada al reservado se produjo sobr las 17h de la tarde, momento a partir del cual, explicó Vilaplana, se aceleraron las llamadas.
La comunicadora recibió sobre las 17.30h un vídeo de Utiel inundado a través de un chat familiar. Se trataba de un link de Twitter que pasó su exmarido y que según ella, no abrió, aunque respondió con un emoticono de sorpresa. "Me atormenta no haber abierto ese link porque si lo hubiese visto antes, hubiera dicho... 'ostras'", señaló a la jueza, e indicó que miró el mensaje familiar en una de las ocasiones en las que Mazón se había levantado de la mesa, pero que no le dijo nada sobre él.
En cuanto a la salida del restaurante, la periodista dijo que sería sobre las 18.30h de la tarde y el propietario de El Ventorro, confirmó que "se fueron entre las 18.30h y las 19h aproximadamente", negando que se fueran más allá de esa hora, dijo que "nunca" vio "preocupado" al jefe del Consell. El resataurador no ha podido concretar más la hora de salida, tampoco aportando el tique de la comida porque, dijo, él emite facturas, por lo que "no se puede saber" la hora concreta. De hecho, hizo la factura al día siguiente, según su relato, y atendiendo las indicaciones que le hicieron desde Presidencia, la envió al Partido Popular. Para cuando se fueron, explicó el hostelero, ya "no quedaban clientes". Vilaplana confirmó que se dirigieron al parking, que se encuentra en las proximidades del establecimiento.

- Salomé Pradas y Carlos Mazón, a la salida de un Cecopi -
- Foto: EFE/Kai Försterling
En el trayecto, como ella trabaja para el Levante, le pidió que fuera a ver un partido de fútbol, un derbi contra el Elche, y le pidió que se comprometiera a asistir. El paseo discurrió "con normalidad" y sin prisa, en palabras de la comunicadora. Una vez allí, la periodista tuvo que ir a su coche a recoger el ticket y luego fue al cajero a pagar, por lo que tardaría unos cinco minutos, dijo, aunque aseguró que no podía entregar el ticket porque no lo tenía pero la jueza lo pedirá a la empresa que gestiona el aparcamiento.
La jueza ahora indaga la hora concreta en la que abandonó las instalaciones y ha requerido a Vilaplana los datos bancarios para verificar cuál de todos los pagos que registró la concesionaria del aparcamiento corresponde al vehículo de la periodista, dado que el parking no guarda datos de matrículas más allá de un año.
A las 19.10h y a las 19.36h figuran dos llamadas de Pradas a Mazón que éste no atendió. Mazón explicó sobre la primera que no la oyó porque iría andando y tendría el móvil "en la mochila". En cuanto a la segunda, dijo que debía de estar hablando con otra persona, por lo que "era difícil" que la cogiera. "No atender a una llamada de 20 y tantas que hice no significa estar incomunicado, como se ha dicho. No significa apagar el teléfono", insistió. A las 19.43h, llamó a la consellera y esta sería la llamada donde ella le informaría de que se iba a enviar la alerta masiva a la población. En estos momentos, se desconoce dónde estaba el president, según el cual estaría en el Palau de la Generalitat, aunque se negó a entrar "en el minutaje".
El suéter, el ordenador y el reservado
La declaración del propietario del restaurante El Ventorro ha introducido también nuevas dudas sobre cómo transcurrió realmente aquel encuentro. Las versiones sobre el espacio del reservado, la disposición de la mesa, la presencia de un ordenador o incluso la vestimenta del jefe del Consell difieren entre los testimonios recogidos en la causa.
Según explicó el dueño del local, el reservado es una estancia de dimensiones similares a un estrado judicial y cuenta con una mesa redonda para cuatro o cinco personas. Este detalle ha generado interrogantes entre las partes, al cuestionar la posibilidad de mantener conversaciones privadas sin que el otro comensal pudiera escucharlas. Vilaplana, en su declaración, sostuvo que el president “se levantaba y se distanciaba” y que no alcanzaba a oír sus conversaciones. Varias acusaciones han solicitado a la jueza una fotografía del espacio para clarificar la escena.
También ha suscitado dudas la supuesta presencia de un ordenador portátil. Vilaplana afirmó que, en los momentos en que Mazón se ausentaba durante un tiempo prolongado, aprovechó para preparar clases en su ordenador. Sin embargo, el propietario aseguró que no vio ningún dispositivo sobre la mesa ni al president levantado o hablando por teléfono durante las “siete u ocho veces” que entró a servirles.
Las discrepancias alcanzan incluso a la indumentaria. La periodista relató que Mazón se quitó la americana y se puso un jersey durante la comida, sin concretar si era el mismo que después llevó al Cecopi. Y el president, en el Congreso, admitió haberse puesto el jersey durante la comida. "No me cambié de ropa, pero cuando tengo frío me pongo un jersey. En invierno si tengo frío me pongo un jersey, suelo llevarlo", dijo el president en funciones. Pero el hostelero, en cambio, aseguró que el jefe del Consell vestía una chaqueta oscura, sin corbata, y que salió del local con la misma prenda, sin haberle visto ningún jersey ni cambio de ropa. ¿Dónde se cambió el president la ropa, pantalón incluido, con la que acudió más tarde al Cecopi?
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