Ni -7 ºC ni -19 ºC: La 'helada negra' que arruinó a Castellón y cambió su economía para siempre
Se cumplen 70 años de la mayor ola de frío del siglo XX, que dejó mínimas históricas, arrasó la agricultura y marcó un antes y un después en la economía local

Febrero de 1956 no solo congeló la provincia de Castellón. La transformó para siempre. / EFE
Febrero de 1956 no fue un invierno más. Fue, sin discusión, el mes más frío del siglo XX en la Comunitat Valenciana y uno de los episodios meteorológicos más extremos vividos en España y Europa occidental. Setenta años después, sus cifras siguen impresionando… y sus consecuencias aún se recuerdan en Castellón.
Aquel mes estuvo marcado por una sucesión de invasiones de aire polar y ártico siberiano, tan intensas que el día 11 de febrero se convirtió en el más frío de los últimos 135 años en la Comunitat Valenciana. En la provincia de Castellón, el frío alcanzó registros que hoy parecen imposibles.

Campo de naranjos nevados en Castellón en 1956. / Ribes Pla
Las mínimas registradas en la provincia hablan por sí solas. Vistabella del Maestrat, en el entorno del Penyagolosa, se convirtió en el punto más frío de la Comunitat con -19 ºC. Le siguieron Castellfort (-17 ºC), Zucaina (-11 ºC) y Sant Mateu (-9 ºC). Incluso en el litoral, el frío fue extremo: Benicarló bajó hasta los -8 ºC y Castelló de la Plana registró -7,3 ºC, un récord absoluto que sigue vigente.

Registros más bajos en la provincia en aquel fatídico mes de febrero. / Mediterráneo
Las devastadoras ‘heladas negras’
El protagonista meteorológico de aquellos días fueron las llamadas heladas negras, causadas por una masa de aire muy fría y extremadamente seca. A diferencia de las heladas tradicionales, estas no producen escarcha visible, lo que impide percibir el peligro a simple vista. Sin embargo, sus efectos sobre los cultivos fueron devastadores.
Los datos de temperatura y humedad confirmaron que el aire estaba muy lejos de la saturación, con valores claramente por debajo de 0 ºC. El resultado fue una auténtica catástrofe agrícola, especialmente para los naranjos, base económica de muchas comarcas castellonenses.
La helada llegó en un momento especialmente delicado. España aún sufría las consecuencias de la autarquía económica y de una agricultura muy dependiente del monocultivo. En localidades como Burriana, la festividad de Sant Blai quedó marcada por los destrozos visibles en barracones y campos arruinados tras varios días bajo cero.

Nevada en el Pla de Burriana durante la festividad de Sant Blai en 1956. / Samuel García Bernat
Las pérdidas fueron tan graves que el Gobierno acabó concediendo préstamos por 180 millones de pesetas tras la visita de los ministros de Agricultura y Comercio. El impacto económico directo de las heladas de 1956, actualizado al IPC, equivaldría hoy a unos 1.500 millones de euros, y algunos informes elevan el impacto total hasta los 6.000 millones.
Paradójicamente, de aquella desgracia surgió un cambio estructural: parte del empresariado agrícola de la Plana optó por diversificar su actividad, apostando por la industria cerámica, especialmente en Vila-real, como alternativa a la dependencia de la naranja.
Durante febrero de 1956 se produjeron tres oleadas de frío siberiano, siendo la segunda la más intensa. En el norte de la Comunitat, la madrugada más fría fue la del día 11; en el sur, la del 12. Aunque las dos primeras oleadas apenas dejaron nieve, la tercera, a partir del día 19, favoreció nevadas en el interior de Castellón y Valencia, gracias a la llegada de frentes atlánticos sobre el aire gélido acumulado en superficie.
Así quedó Burriana tras la gran nevada de 1956. / Samuel García Bernat
Como contraste, cuando se cumplen siete décadas de aquella tragedia climática, la Comunitat Valenciana ha vivido la pasada noche recientemente una de las noches de febrero más cálidas de la última década, con mínimas cercanas a los 20 ºC en algunos puntos.
elperiodicoMediterraneo

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